El Papa: La fuerza de la Iglesia no reside en ella misma,
sino que se esconde en las aguas profundas de Dios
(RV).- No tener otro nombre en la vida, y no cumplir ninguna
otra acción, que no esté estrechamente vinculada a Cristo. Es con esta
esperanza que el Papa Francisco concluyó esta mañana la homilía de la misa que
presidió en la Iglesia del Gesú de Roma, en la fiesta litúrgica del Santo
Nombre de Jesús, “título” de la Orden fundada por San Ignacio de Loyola.
El Papa habló ampliamente de la figura de Pedro Fabro, modelo
de santidad sacerdotal de la Compañía, canonizado hace a penas dos semanas, el
pasado 17 de diciembre. Francisco reflexionando sobre el carisma de su Orden se
centró precisamente en Pedro Fabro, hermano antiguo y al mismo tiempo muy
moderno, que fue compendio viviente del carácter espiritual y apostólico de los
jesuitas, empezando por su corazón, vacío, porque lleno de Dios, inquieto,
porque incansable en la búsqueda de Dios:
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