"¿Qué significa este pleno cumplimiento de la ley? Y
esta justicia superior, ¿en qué consiste?", se preguntó Francisco. Y como
el Señor "era muy práctico y hablaba con ejemplos que pudieran
entenderse", acudió al quinto mandamiento ("no matarás") para
expresar su sentido completo: "Todo el que esté peleado con su hermano,
será reo de culpa".
¡Nada de habladurías!
"Con esto Jesús nos recuerda que también las palabras
pueden matar", dijo el Papa a una Plaza de San Pedro abarrotada:
"Cuando decimos que una persona tiene la lengua de serpiente, ¿qué
queremos decir? Que sus palabras matan. Por tanto, no sólo no hay que atentar
contra la vida del prójimo: ni siquiera verter sobre él el veneno de la ira ni
golpearlo con la calumnia. ¡Ni siquiera hablar de él! Los chismes pueden matar,
porque matan la fama de las personas".
"Al principio puede parecer divertido", reprendió
Francisco, "pero chismorrear nos llena el corazón de amargura y nos
envenena a nosotros mismos".
