La gran paradoja: el Niño Jesús es el gran ausente de las
celebraciones públicas de la Navidad
Paseo por las calles de mi pueblo junto a mi familia. Con
ocasión de la Navidad, en la plaza se ha organizado una exposición de dibujos
de los niños de la escuela primaria. Mi hija mayor, que frecuenta la escuela
primaria en otro lugar, en el colegio donde yo enseño, me pregunta: «Papá, ¿qué
es la fiesta de la luz?».
Observo bien el título de la exposición y las obras. No hay
un solo dibujo que represente el belén y el nacimiento de Jesús, todos están
inspirados en el tema de la luz. Hablar de Jesús, o representarlo, parece que
se ha convertido en algo inadmisible en las escuelas en las que hay estudiantes
también de otras religiones y donde el resto, aunque sean cristianos
bautizados, en muchos casos ya no creen o han perdido las razones de la propia
fe. De este modo, la Navidad como celebración de Jesús que nace y está entre
nosotros ha desaparecido, admitiéndose sólo como fiesta desnaturalizada,
sustituida por valores como la paz, la solidaridad y demás.
¿Se puede desnaturalizar un hecho histórico?
En el Instituto donde enseño, cada clase está preparando el
espectáculo teatral para la Academia de Navidad, que se realizará delante de
todas las familias la última semana de colegio, antes de las vacaciones
navideñas. Cada clase debe preparar un representación centrada en el mensaje de
Navidad.
