El coraje de reconocerse pecadores abre a la caricia de
Jesús y a su perdón, dijo el Papa en su homilía de la misa matutina celebrada
en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
La liturgia del día presenta el Evangelio de la pecadora que
lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los rocía con perfume, secándolos sus
cabellos. Jesús es invitado a casa de un fariseo, “una persona de cierto nivel,
de cultura” – afirmó el Papa – que “quería escuchar a Jesús”, su doctrina,
quería saber más. Y juzga dentro suyo tanto a la pecadora como a Jesús porque
“si fuera un profeta sabría quién es y de qué clase es la mujer que lo toca”.
“Non era malo”, pero “no logra entender aquel gesto de la mujer”: