Santiago Schnell.-Toda revolución tecnológica llega con su propia apologética. Promete eficiencia, abundancia y alivio del trabajo agotador, y a menudo ofrece algo de las tres cosas. Lo que no ofrece es el vocabulario moral necesario para gobernarla. El trabajo cambia más rápido que el juicio. El poder se concentra más rápido de lo que la ley puede limitarlo. Los hogares se vuelven vulnerables antes de que alguien haya calculado el costo.
